Te levantas por la mañana y, en principio, no tienes motivos para quejarte. Tienes una casa, un trabajo, una familia que te quiere y amigos que están ahí cuando los necesitas. Sin embargo sientes que algo no encaja, no te sientes bien contigo mismo y no tienes ilusión por empezar el nuevo día. Te sientes pesado, sin ganas, con un vacío dentro de ti que no te explicas de dónde viene. Intentas seguir con tu día, no darle demasiadas vueltas, hacer lo que toca esperando que la sensación desaparezca. Al fin y al cabo tienes todo para ser feliz. Y empiezas a decirte cosas del estilo ¨¿por qué me siento así?, hay gente que está peor y no se queja de su vida, no tengo motivos para estar triste, debería sentirme agradecido con todo lo que tengo¨, etc. Y casi sin darte cuenta, además de sentirte mal, empiezas a sentirte culpable por estar mal.
Sentir malestar emocional no siempre significa que tu vida esté mal. A veces simplemente significa que hay algo dentro de ti que necesita ser atendido y escuchado.
En este artículo vamos a explorar por qué nos podemos sentir mal cuando aparentemente está todo bien, qué puede estar detrás de este malestar y qué podemos hacer para comprenderlo mejor.
Los humanos somos seres sintientes, las emociones nos acompañan en todo momento en nuestro día a día. Todas las emociones son válidas y realmente todas ellas ocurren como consecuencia de algo, puede ser algo externo o algo interno que ocurre en nosotros, pero muchas veces no somos capaces de encontrar la causa directa. Nos obsesionamos con el motivo de por qué nos sentimos de una determinada manera y nos olvidamos de validar las emociones aunque en este momento ni siquiera sepamos de dónde vienen.
1.No necesitas tener un motivo grave para sentirte mal.
Solemos pensar que para sentir ciertas emociones como tristeza, apatía, ansiedad o agotamiento emocional necesitamos tener un motivo claro. Lo asociamos muchas veces a que debe haber ocurrido algo para que podamos justificar sentirnos así. Pero la verdad es que las emociones no siempre funcionan así. Muchas veces las cosas que nos generan malestar emocional son cosas muy pequeñas sostenidas en el tiempo sin ser atendidas, como estrés laboral, cambios, exigencias de los demás o las propias, falta de descanso adecuado, desconexión de nuestras verdaderas necesidades o no vivir en coherencia con nuestros valores.
2.¨Debería estar bien¨ puede hacer que nos sintamos peor.
Seguro que te suena alguna de estas frases
- «No tengo motivos para estar triste».
- «Tengo una buena vida, no debería quejarme».
- «Hay personas que tienen problemas de verdad».
- «Debería estar disfrutando más»
Este tipo de pensamientos hace que además del malestar que ya estamos experimentando se añadan sentimientos de culpa. La idea y la intención son buenas porque relativizar nuestros problemas puede hacer que podamos quitarles peso y verlos desde un lado un poco más objetivo, pero la realidad es que el malestar seguirá ahí y el no validarlo o pensar que simplemente estamos exagerando porque ¨hay gente que tiene problemas más grandes¨ puede hacer que nos sintamos peor. En este caso la culpa terminaría por hundirnos y entraríamos en un círculo vicioso del que sería más difícil salir.
3.Cuando llevas demasiado tiempo funcionando en automático.
Si eres una persona responsable, que cumple con todas las obligaciones, que cuida de los demás, que sigue adelante a pesar de todo, te hago una reflexión. ¿Hace cuánto que no te preguntas por cómo estás tú?
Con esta pregunta puedes tomar consciencia de lo mucho que te has desconectado de ti mismo, de tus necesidades y de lo mucho que has estado ignorando las pequeñas señales de tu cuerpo, de cansancio, tristeza o insatisfacción. Muchas veces no estamos mal por una única cosa sino que acumulamos emociones y experiencias que poco a poco van saliendo en forma de malestar.
4. ¿Y si hay algo que necesita una cambio?
Todo lo que sentimos cumple una función muy concreta. El malestar emocional nos incomoda, nos obliga a mirar aquello que no está bien y nos motiva a hacer ajustes necesarios. Por lo tanto, no debemos verlo como un problema sino como una oportunidad para revisar algunos aspectos de nosotros mismos o de la vida que hemos creado como:
- nuestros límites;
- nuestras relaciones;
- el descanso;
- las expectativas que tenemos sobre nosotros mismos;
- la necesidad constante de agradar;
- la falta de tiempo para nosotros;
- aquello que estamos haciendo por obligación y no por elección
A veces no necesitamos cambiar toda nuestra vida. A veces necesitamos empezar a escuchar aquello que llevamos demasiado tiempo intentando ignorar.
Si te has sentido identificado puedes estar preguntándote ahora ¿por dónde empiezo?
El primer paso es validar y dejar salir las emociones para entenderlas y poder escuchar el mensaje que traen consigo. Podemos servirnos de la escritura terapéutica que es una manera magnífica de dejar salir lo que llevamos dentro. Se trata de un momento a solas contigo en el que escucharte y atenderte.
El segundo paso es salir del modo piloto automático y empezar a vivir con mayor presencia y conexión contigo mismo. Esta nueva forma de vivir el presente te ayudará a conocerte más y mejor y descubrir tu camino, tu propósito y tus necesidades reales para poder vivir en mayor coherencia y paz. Aprender a parar, silenciar la mente, estar presente puede ser la mejor forma de ver si necesitas cambios, ajustes o simplemente necesitas reorganizar algunos aspectos.
¿Debería pedir ayuda psicológica?
Sentirse mal ocasionalmente es parte de la vida y no debe preocuparnos en exceso, pero si el malestar se mantiene en el tiempo, interfiere en nuestra vida cotidiana o resulta difícil de gestionar por nosotros mismo, tal vez sea una señal de que necesitamos ayuda profesional .
No necesitas esperar a estar al límite para pedir ayuda. La terapia también puede ser un espacio para comprender qué te está pasando, escucharte con más atención y descubrir qué necesitas para sentirte mejor.
