Vivimos en un mundo acelerado, conectados todo el tiempo. El móvil suena a cada instante, el correo se llena de mensajes nuevos, las notificaciones no paran y tenemos al alcance de la mano toda la información que queramos. Nunca antes había sido tan difícil encontrar la calma. Este acceso constante a las redes sociales, en las que observamos vidas perfectas, cuerpos perfectos, relaciones perfectas nos hace compararnos continuamente y creer que no somos suficientes, que siempre nos falta algo, que necesitamos algo más para ser felices.
La ansiedad se ha convertido en nuestra compañía diaria y muchas veces aparece de formas más suaves, como cansancio,, falta de motivación, insomnio, insatisfacción vital aunque aparentemente nuestra vida vaya bien, irritabilidad o dificultades para concentrarse. Muchas personas intentan seguir el ritmo que marca la vida porque se supone que es lo que hay que hacer pero se olvidan de sus propias necesidades en el camino creando una serie de consecuencias negativas para ellos mismos y para su entorno.
¿Por qué sentimos más ansiedad hoy?
El entorno en el que vivimos influye enormemente en nuestro estado emocional, en nuestra salud mental y hoy en día nos hemos alejado de nuestra propia naturaleza y de nuestras necesidades más básicas porque convivimos en el día a día con:
- exceso de información de todo tipo
- comparación constante
- presión externa por ser buenos, atractivos, exitosos, ricos, felices, etc.
- presión a nivel profesional y económico
- falta de descanso o desconexión mental y culpa por permitírnoslo de vez en cuando
- poco contacto con la naturaleza al vivir en centros urbanos con mucho ruido y pocas zonas verdes
Todo esto hace que estemos continuamente conectados con esa necesidad de ser productivos, de ser mejores cada día, sin momentos de calma y descanso. Incluso cuando descansamos aparentemente seguimos conectados a los contenidos de las redes sociales que nos recuerdan que siempre queda algo por hacer, que siempre podemos ser mejores y que podemos dar algo más de nosotros. Estos estímulos externos se instalan en nosotros y nos hacen ponernos en funcionamiento de nuevo, sin permitirnos una pausa real.
La ansiedad silenciosa.
La ansiedad no siempre se manifiesta como un ataque de pánico o como una crisis intensa y momentánea. De hecho, la mayoría de las veces sentimos la ansiedad de forma más sutil y por lo tanto ni siquiera nos damos cuenta de ella o simplemente no somos consciente de que detrás de nuestro síntoma diario está la ansiedad silenciosa, sostenida en el tiempo. La ansiedad puede manifestarse como:
- problemas para conciliar el sueño o despertares nocturnos frecuentes
- cansancio y falta de energía
- irritabilidad
- falta de motivación
- pensamientos intrusivos
- obsesión por consultar el móvil de forma continua para no perderse nada
- sensación de culpa al descansar o tomarse algún día libre
Hoy en día muchas veces lo que pasa es que vivimos con miedo de quedarnos atrás, de no estar a la altura, de no ser lo suficientemente buenos o de no cumplir con las expectativas que tienen de nosotros. El mundo acelerado que hemos creado es la causa pero nosotros, si queremos, podemos ser la solución. Nuestras necesidades básicas van más allá de todo esto, nuestro derecho de descanso, de simplemente parar es vital y es nuestra responsabilidad.
¿Cómo reducir la ansiedad en un mundo que no para?
La realidad es que vivimos en un mundo que no podemos cambiar. Lo que sí podemos cambiar es la forma en la que nos relacionamos con todo lo que nos rodea. A veces, implementando solo algunos cambios en nuestro día a día podemos obtener resultados maravillosos y un impacto muy positivo y directo en nuestra salud.
- Reduce el tiempo que estás conectado al ruido digital dejando el móvil en casa o simplemente silenciándolo en algunos momentos.
- Vuelve al momento presente. Actividades de mindfulness como caminar al aire libre, leer, escribir, meditar o simplemente parar un rato en silencio pueden ayudar a regular el sistema nervioso sobreestimulado.
- Cuida tus hábitos. El sueño, la alimentación equilibrada y la actividad física regular actúan directamente sobre la ansiedad.
- Aprende a decir no sin culpa. Esto te ayudará a poner limites y a priorizarte a ti por encima de las exigencias externa.
Quizá la solución no sea intentar llegar a todo. Quizá tenemos que entender nuestra condición humana, respetar nuestra naturaleza que marca sus tiempos y aprender a respetarnos. El mundo seguirá girando.
Hay veces que el peso se hace demasiado grande pero reconocerlo no es señal de debilidad, todo lo contrario, es señal de fortaleza y valentía y de responsabilidad hacia uno mismo.
Si sientes que necesitas trabajar en ello, no dudes en pedir ayuda profesional.
